«La fotografía es un gesto que tenemos los humanos para detener el tiempo»

Artista, teórico, comisario, divulgador, pensador visual… Joan Fontcuberta habla en esta entrevista acerca de la actual realidad fotográfica con motivo de su nuevo proyecto titulado ‘Trauma’.
Joan Fontcuberta
Joan Fontcuberta. / VANESSA MONTERO
Entrevista transcrita, originalmente publicada en la edición impresa del diario El Correo, el 16 de marzo de 2019. Texto: Itxaso Elorduy. Fotografía de la entrevista: Manu Cecilio.

EN SU PROYECTO ‘TRAUMA’, QUE HA PRESENTADO EN BILBAO, REFLEXIONA SOBRE EL FIN DE LA FOTO EN PAPEL Y LA ERA DEL «’HOMO FOTOGRAFICUS’»
[…]

Habla de una fotografía para pensar.
«La fotografía que me interesa nace en el siglo XIX como una especie de cultura visual que aporta el sustrato de unos valores que pertenecen a la Revolución Industrial. Una tecnología al servicio de la verdad, de la identidad, de la memoria, necesaria para la sociedad moderna que se estaba configurando».

¿Trauma tiene que ver con nuestro mundo cambiante, como el del siglo XIX?
«Es fruto de la reflexión sobre la evolución de la comunicación visual, que tiene que ver con el cambio de lo analógico a lo digital».

¿La atracción por un mundo nuevo, lleno de imágenes?
«Todos somos fotógrafos ahora, somos ‘homo fotográficus’. Hacemos fotos para informar, entretenernos, por introspección o para interaccionar con un grupo. Hay infinidad de usos de la imagen, igual que hay infinidad de usos de la palabra».

¿Y hacia dónde nos dirigimos?
«Esto trastoca todo, la economía, la política, las relaciones personales, la comunicación… Nos dirigimos a un panorama postfotográfico, en la medida en que la imagen se ve inmersa en un repertorio de elementos nuevos como internet y las redes sociales. Este mundo cambiado conlleva ganancias y pérdidas».

¿Como cuáles?
«La pérdida de la materialidad de la imagen es un ventaja en cierta medida, porque nos permite que circule sin el lastre de la corporeidad, pero conlleva la falta de valores mágicos, como la imagen de la persona querida o la suplantación de la identidad».

Y con la pérdida llega la melancolía…
«Sí, conlleva una mirada melancólica, de recuperación de esas ruinas de la fotografía antigua familiar. Una revalorización de la fotografía antigua familiar. Muchos artistas contemporáneos revisitan álbumes familiares y también crece la fascinación por la fotografía estropeada o en proceso de deterioro. La fotografía como tal cuenta su propia historia. El fotoperiodismo trata de traumas, sucesos, asesinatos, muertes, accidentes… pero las imágenes, en sí mismas, están sufriendo sus propios traumas».

¿Tienen vida propia?
«Las vicisitudes que han vivido en el archivo, por las que han perdido el vínculo con la memoria y la realidad, hacen que la imagen se vuelva no solo ruinosa, sino dramáticamente fantasmagórica, lo que genera un ámbito poético del trabajo».

¿Qué formato tiene el trabajo Trauma?
«He hecho varias exposiciones y he escrito libros, uno de ellos se publica esta semana. Es un territorio de creatividad y reflexión alrededor de esas imágenes en tránsito de desaparición».

¿Qué significado tienen esas imágenes antiguas?
«Representan otro elemento muy poético, porque la fotografía es un gesto que tenemos los humanos para detener el tiempo. Como si el tiempo y la memoria echasen un pulso y con la fotografía ganase la memoria, la posibilidad de detener un instante».

¿Pero usted dice que el instante decisivo ya no existe?
«El tiempo se cobra su venganza y esa fotografía que, de manera soberbia, intenta detener el tiempo, con el paso de tiempo se corrompe y desaparece».

¿Este proyecto es una suerte de terapia?
«La imagen es un ente vivo que nace, muere, se reproduce y desaparece. Podemos constatar el fin de un ciclo, el analógico, y el nacimiento de la fotografía digital».

Usted habla de revisar la mirada fotográfica como si la tratara un oftalmólogo.
«El fotógrafo quiere documentar el mundo y esa es su principal misión, pero para alguien que hace del ojo su órgano fundamental suelo decir en broma que hace falta un oftalmólogo que calibre si esa mirada está bien ajustada».

Mirada que mira hacia uno mismo, ¿es el selfie el objetivo?
«Los nuevos dispositivos permiten dar salida a la vanidad. La pregunta es, ¿la fotografía fomenta esa vanidad o la canaliza?».

¿Y cuál es su respuesta?
«La fotografía digital canaliza esa vanidad que siempre ha existido, aunque no teníamos los instrumentos necesarios. Antes debíamos recurrir a un profesional para que nos hiciera un retrato. Ahora la inmediatez hace que demos rienda suelta a la idea de controlar de qué manera deseamos ser vistos».

¿Una pérdida de la privacidad?, ¿voyeurismo?
«La fotografía aquí no tiene ninguna responsabilidad. La necesidad de hacer un espectáculo de la vida ha existido siempre, antes las ejecuciones eran grandes espectáculos. Lo que sucede es que ahora tenemos nuevas herramientas».

¿Cree que puede resurgir el papel?
«Soy muy mal profeta. Hace unos años me preguntaron si pensaba que los móviles podrían llevar incorporada una cámara y respondí que me parecía una solemne tontería, así que he aprendido de mis errores garrafales. Pero es cierto que nunca hasta ahora habían habido tantos proyectos de edición de fotolibros. Un regreso a algo que se toca, lo que es una contradicción a esta tendencia a lo inmaterial».

1
Publicación original de la entrevista. / EL CORREO

Bibliografía: fotografía [FOT]

Última actualización: 2020/01/07- 21:40.

Listado de libros, documentales y páginas web de referencia sobre fotografía.
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Exposición ‘Arquitecturas Vivas’ de Nicolás Combarro en Bilbao

Desde el pasado 11 de diciembre hemos podido disfrutar de la exposición Arquitecturas Vivas de Nicolás Combarro en el CFC de Bilbao. El día de la inauguración el propio autor ofreció una charla a los asistentes explicando los detalles de su obra. El último día para poder ver la exposición será pasado mañana, el miércoles 10 de febrero.
Cartel de la exposición Arquitecturas Vivas de Nicolás Combarro en Bilbao
Cartel de la exposición Arquitecturas Vivas de Nicolás Combarro en Bilbao.
Nicolás Combarro nació en A Coruña en 1979. Emplea la fotografía buscando un diálogo con el espacio construido. Alterna su trabajo como fotógrafo con la docencia y el comisariado de exposiciones.
Ha realizado exposiciones individuales en la Galería Moriarty (Madrid), Kwanhoon Gallery (Seúl), Galería Taché (Barcelona) o la PABLO Gallery (Manila) y museos e instituciones como MARCO (Vigo), Palexco (A Coruña), Institut Français (Madrid), OCEMX (México DF). Ha obtenido, entre otros, el Premio Saab y el Premio de Fotografía INJUVE y la Beca Fotopres de La Caixa. Ha publicado los libros Arquitectura y Resistencia (Editorial Cabeza de Chorlito) y Arquitectura Oculta (Ayuntamiento de A Coruña).

Exposición Arquitecturas Vivas de Nicolás Combarro en Bilbao

Leemos en la hoja de presentación de la exposición:
Activar la arquitectura, a través de las posibilidades de interacción que ésta genera, es la base de un discurso fotográfico cuyo lenguaje se ha desarrollado a lo largo de sucesivas series y etapas presentes en esta exposición.
Exposición 'Arquitecturas Vivas' en el CFC de Bilbao
Exposición ‘Arquitecturas Vivas’ en el CFC de Bilbao.
Líneas: esta primera serie está formada por intervenciones pictóricas sobre edificaciones en proceso de construcción o deconstrucción. Un estado de transformación del espacio construido que en numerosas ocasiones se encuentra en un limbo en el que parece que el tiempo se haya detenido. El empleo de la línea se vale del recurso de las dos dimensiones de la fotografía para poner en cuestión la tercera dimensión de la arquitectura, abstrayendo así sus formas para convertirla en un lienzo, en un plano. Poco a poco, la línea se va rompiendo y transformando, otorgando más protagonismo al espacio para que manifieste su estructura y la huella de la intervención realizada.
La línea de sombra: el nombre de esta serie se asocia a la esencia oscura, acromática, de las intervenciones. Masas pictóricas que se confunden con un entorno alterado por la mano del hombre y en cierto modo desnulado, dejando al descubierto su esqueleto. Los materiales de intervención vuelven a ser los propios de la construcción, en este caso la pintura negra o el alquitrán empleado para impermeabilizar las partes de la estructura en contacto con las zonas húmedas, naturales y orgánicas, hacia donde se extiende la masa pictórica.
Exposición 'Arquitecturas Vivas' en el CFC de Bilbao
Exposición ‘Arquitecturas Vivas’ en el CFC de Bilbao.
Serie negra: esta serie establece un intenso diálogo con el contexto industrial de la región donde se realizó, la cuenca minera asturiana. La localización y exploración de espacios y construcciones industriales y de los materiales presentes en las mismas permitió la intervención de las estructuras abandonadas con sus propios elementos, buscando una sencilla transformación del espacio para permitir el reencuentro con su pasado industrial. Materiales como el carbón aparecen como elemento de intervención, impregnando una estructura básica de casa, ahora rescatada de un contexto industrial de abandono. Las siguientes intervenciones con diferentes materiales como el plástico o la madera quemada, entran y salen de las estructuras con las que interactúan generando una nueva realidad más abstracta y extraña.
Exposición 'Arquitecturas Vivas' en el CFC de Bilbao
Exposición ‘Arquitecturas Vivas’ en el CFC de Bilbao.
Arquitectura oculta: es un trabajo de intervención sobre estructuras en construcción paralizadas. Esqueletos de edificaciones inacabadas que constituyen una especie de ruinas contemporáneas, son reactivadas para generar en su interior una nueva realidad. Las intervenciones están realizadas con las propias maderas, que servían de barreras o barandillas, abandonadas en los espacios. A través de un trabajo previo de composición escultóricas y pintadas con tonalidades luminosas o fluerescentes propias de la construcción, estas estructuras son de nuevo instaladas en un equilibrio precario sólo preservado a través del formato fotográfico.
La construcción, como transformación del entorno natural, aglutina y sirve de lienzo para la puesta en acción de todas estas diferentes estrategias de intervención. El diálogo directo con la arquitectura, empleando distintos materiales y herramientas artísticas, se recoge en grandes formatos permitiendo adentrarnos en los espacios transformados.
La muestra Arquitecturas vivas busca una nueva mirada hacia estructuras olvidadas, denostadas, que se recuperan por medio de un nuevo presente fotográfico.

Entrevista con Nicolás Combarro en Xataka Foto

«Mi trabajo trata de establecer puentes que nos conecten de nuevo con la realidad»

Nicolás Combarro, autor de ‘Arquitectura Espontánea’
13 de Enero de 2016
Autor: Adrián Morillo (Xataka Foto) | Fuente

Nicolás Combarro es uno de los cinco seleccionados en las Becas Fotopres La Caixa de este año con su proyecto «Arquitectura Espontánea». A caballo entre la fotografía, la escultura y la arquitectura, este artista pretende realizar una documentación de distintas creaciones arquitectónicas de la península que rompen con toda lógica. Hablamos con él de su trabajo fotográfico y de su labor como comisario para artistas de la talla de Alberto García-Álix.

Tu proyecto presentado para esta edición del FotoPres parece una suerte de inventario de construcciones que se salen de ciertas lógicas, ya sean de finalidad o estéticas. ¿Qué común denominador hay entre las construcciones que pretendes retratar en este proyecto?
El denominador común es la construcción en sí misma. Desde el primer gesto de modificación del paisaje estamos acometiendo una forma de construcción. Así pues, todos tenemos la capacidad de edificar y, por lo tanto, todos somos constructores. Mi trabajo se alimenta de esa voluntad o necesidad de construir, de manera espontánea, donde se da vehículo a nuestras influencias, gustos, necesidades, que son plasmados en la arquitectura.
En la actualidad, hemos delegado y nos hemos alejado de la arquitectura. Mi trabajo trata de establecer puentes que nos conecten de nuevo con la realidad que nos rodea, su potencialidad y creatividad, más allá de regulaciones o restricciones, y de imposiciones estéticas. Este trabajo trata de comprender cómo evoluciona y se modifica el paisaje constructivo, prestando atención sobre todo a aquellas edificaciones que son olvidadas o denostadas por no entrar dentro de un canon, pero que, en la mayoría de ocasiones, nos hablan de manera más sincera de su constructor y de nuestra sociedad.

Fotografía de la entrevista a Nicolás Combarro en Xataka
© Nicolás Combarro.
Tu práctica artística ha estado centrada en el espacio, su representación y en ciertas grietas que descubres o creas en edificaciones y terrenos. Tu herramienta principal de trabajo es la fotografía, acotándote a la bidimensionalidad y la finitura del encuadre. ¿Hasta qué punto esta limitación te permite ir más allá en tu trabajo o te supone un problema?
Cualquier aproximación a la fotografía se topa con el límite entre las tres dimensiones de la realidad y las dos de la representación fotográfica. En mi caso, la exploración de otras disciplinas como la pintura, me han ayudado a comprender cómo la representación es, en sí, una nueva realidad, y cómo las dimensiones se expanden en el interior del cuadro (o de la fotografía). La dimensión fotográfica es, por tanto, un reto, y para mí una motivación constante.
En trabajos previos, pese a usar el registro fotográfico, has intervenido tu fotografía mediante la escultura o haciendo uso de la pintura en los espacios que retratabas. ¿Te ves alejándote de la fotografía y centrándote en otras formas de expresión como la escultura que tal vez te permitan un diálogo más directo con el espacio?
Mi trabajo se divide en dos partes, por un lado, la documentación de arquitecturas singulares, espontáneas, sobre las que no existe archivo fotográfico y que me sirve de base e inspiración para la otra parte del trabajo, realizada mediante la intervención directa sobre la arquitectura y que después documento fotográficamente y reproduzco en formatos murales. La fotografía es para mí un vehículo ideal para aproximar un punto de vista determinado sobre un espacio o construcción que normalmente se pasa por alto o sobre el que no se realiza una mirada atenta.
La intervención arquitectónica me permite generar una nueva perspectiva, una interpretación alterada de los espacios que genera un nuevo presente con infinitud de posibilidades. Lugares abandonados, no terminados, que están a la espera de que se establezca con ellos un diálogo. La documentación arquitectónica, que es la parte en la que baso mi proyecto para Fotopres, activa los espacios de otra manera. Pienso que el hecho de mirarlos, recorrerlos y tratar de entenderlos a través de la fotografía es una responsabilidad (y una necesidad) que nos brinda una nueva oportunidad para aprender de ellos.
Fotografía de la entrevista a Nicolás Combarro en Xataka
© Nicolás Combarro.
Cómo artista centrado en el espacio, las edificaciones y la arquitectura, me interesa saber tu opinión acerca de la arquitectura en España. Sé que es una pregunta muy amplia, pero tal vez haya algunos comunes denominadores que creas que se dan alrededor de toda la geografía española.
España posee una gran tradición constructiva, tanto la realizada por arquitectos en diferentes etapas históricas como otra vernácula, de origen popular. España es también un claro ejemplo de diferentes «boom» constructivos que se realizaron en sucesivas oleadas y que modificaron el paisaje arquitectónico de manera masiva. Este país posee una posición Norte/Sur que la hace catalizador de diferentes influencias y costumbre constructivas, generando grandes contrastes entre una arquitectura uniformizadora, muy dirigida, y otra espontánea, siempre en los límites de la legalidad. Por último, existe también un patrimonio industrial (o postindustrial) que se concentra en determinadas regiones y que entronca directamente con la realidad socioeconómica de su contexto.
Todas estas manifestaciones arquitectónicas me parecen interesantes, si bien yo me fijo más en las que no están documentadas y que suelen ser olvidadas, ya que son estructuras “vírgenes” que también merecen ser contempladas y registradas..
Además de ser artista, trabajas como curador, profesión que te permite solventar tu situación económica y que te ha llevado a trabajar codo con codo con Alberto García-Álix, mentor más espiritual que estético, según has declarado, con quien tienes una estrecha relación. Para muchos consumidores de imágenes, la figura del curador es desconocida, podrías explicarme en qué consiste tu trabajo y en qué se ha materializado.
Mi trabajo como comisario me ha servido como aprendizaje para diferentes perspectivas artísticas, como mi trabajo con Miguel Ángel Campano, pintor que ha evolucionado desde la figuración hacia la abstracción, y con García-Alix, como artista sin límites. En la actualidad estoy realizando proyectos que me aproximan más a mi generación, sobre todo en fotografía, y que de nuevo suponen un aprendizaje imprescindible a nivel humano y artístico. En algún momento de mi carrera aunar ambas prácticas ha resultado difícil, pero al final siempre acaba siendo extremadamente enriquecedor.
La labor de comisario, en mi caso, es la de acompañar al artista y darle una base, un espacio y un apoyo para que transmita su obra. No puedo considerarme un comisario al uso ya que me acerco a los proyectos desde un interés marcadamente personal. Es un trabajo generalmente lento y denso, en el cual nunca se deja de aprender y siempre se empieza de cero. Es siempre un reto, es emocionante, frustrante, silencioso… Es difícil de explicar ya que lo vivo de una manera muy intensa y personal, no tanto como una “profesión”.
Fotografía de la entrevista a Nicolás Combarro en Xataka
© Nicolás Combarro.
Actualmente estás trabajando en «La Línea de Sombra», un documental acerca de Alberto García-Alix. Siendo un artista tan conocido y tan estudiado en diferentes ámbitos, ¿Cómo te has planteado realizar este trabajo?
La verdad es que este proyecto es a la vez un reto y una meta. Llevo muchos años trabajando sobre la obra de García-Alix y podría decirse que me he metido en sus entrañas. Así pues, me encuentro en una posición en la cual poseo mucha información pero a la vez la responsabilidad de darle forma y el peso del propio Alberto, que no es poco. El reto es mostrar el García-Alix que no se conoce, el que está tras esa línea de sombra y con el que yo he tenido la oportunidad de convivir. Como me pasa con los comisariados, me gustaría dar voz a Alberto y que se contase a sí mismo desde la intimidad, como cuando lo hace conmigo, abriendo una puerta a su otro lado, ese del que él mismo dice que «no se vuelve».
¿Algo más que quieras contarnos?
Quizás hemos hablado poco del proyecto en sí para Fotopres. La beca es una oportunidad para sistematizar más mi trabajo de documentación, que hasta ahora he realizado en paralelo a proyectos que me han ido surgiendo a lo largo de los años, y de generar una evolución en la mirada fotográfica. Una mirada transversal a la arquitectura popular no reglada en España, desde sus orígenes hasta su presente, congelado por el contexto socioeconómico actual. Es un reto que me motiva y me ayuda para profundizar, aprender y tratar de entender nuestro contexto constructivo, que aúna caos y una belleza espontánea sobre la que merece la pena reflexionar.
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Vídeos del Taller de Ricky Dávila en la escuela LENS

«El único y verdadero premio es el de conseguir parir cosas desde tu propia noción«. Así de potente y contundente comienza este vídeo con algunos de los mejores momentos del taller de Ricky Dávila «La fotografía como visión personal«, que tuvo lugar en LENS Escuela de Fotografia los días 15 y 16 de enero de 2011.
Vídeos del Taller de Ricky Dávila en la escuela LENS
Ricky Dávila en un momento del taller. / LENS Escuela de Artes Visuales
Y seguimos, con más momentos colgados en la cuenta de Vimeo de Lens Escuela de Fotografía. En los siguientes vídeos Ricky Dávila habla del trepidado, de las sonrisas en las fotos, del fotoperiodismo, de la obra de García-Alix… No tiene desperdicio. Disfrutad de los videos.

Recordemos que Ricky Dávila es un reconocido fotógrafo nacido en Bilbao en 1964. Estudió fotografía en el ICP de Nueva York. En los años noventa recibió varios reconocimientos por su trabajo documental (Ortega y Gasset, Fotopress). En la última década reorientó su fotografía a un registro más poético y personal. Es autor de cinco libros de autor y una veintena de exposiciones individuales. En la actualidad dirige el Centro de Fotografía Contemporánea de Bilbao (CFC Bilbao).
Es en esta escuela donde podemos encontrar su taller La Fotografía Como Visión Personal, que según leemos en la web de la escuela, está orientado a fotógrafos jóvenes y profesionales en busca de un territorio personal y un posicionamiento propio en el ámbito de la fotografía. En el taller se da una participación por parte de todos, donde cada uno muestra su trabajo fotográfico para crear un intercambio de opiniones y reflexiones con el fin de dirimir dudas y debatir sobre las nuevas reglas del medio.

Vídeos del Taller de Ricky Dávila en la escuela LENS

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Consejos para fotografiar siluetas y contornos

El uso de las siluetas es una manera de potenciar las emociones que deseamos transmitir en fotografía, tales como misterio, emoción, drama, erotismo… Mediante las siluetas únicamente transmitimos una pequeña parte de la información total del tema, dejando al espectador que complete lo que falta, imaginándoselo. Jugar con las siluetas da tan buen resultado porque la intriga que se crea en el espectador junto con las imágenes que se fantasean en la mente del que mira superarán casi siempre a la fotografía más detallada que podamos hacer. No se trata de mostrar algo, se trata de insinuarlo.
Consejos para fotografiar siluetas y contornos
Al utilizar siluetas no mostramos la realidad, la insinuamos, pudiendo obtener un resultado mucho más potente. / GIVEEVIG
Técnicamente, la manera de conseguir este tipo de resultados consiste en situar al sujeto (del que únicamente querremos mostrar su silueta) frente a una fuente de luz, forzando a nuestra cámara a medir la exposición en la parte más clara del encuadre (la luz de fondo) y no en el sujeto de la imagen. De este modo conseguiremos que el fondo quede correctamente expuesto, dejando al sujeto sub-expuesto, ocultando la información que sí mostraríamos en otro caso.
En el ejemplo de la imagen superior, ¿para qué querríamos ver con detalle los edificios y la carretera de la calle cuando lo que nos atrae y queremos mostrar es ese cielo apocalíptico? Aunque más de media foto sea silueta y no tenga detalle, de esta manera conseguiremos hacerle llegar al espectador las sensaciones que queremos transmitir.
Algunos factores clave a tener en cuenta a la hora de hacer fotografía de siluetas y contornos son los siguientes:

– Elegir bien el sujeto… Cualquier elemento es susceptible de ser recogido a contraluz, pero hay elementos cuyo contorno es más fácilmente reconocible que otros. Trata de buscar sujetos cuya silueta permita el reconocimiento inmediato, evitando aquellos en los que otros factores (como pudiera ser el color o el solapamiento de varias siluetas) sean determinantes para este reconocimiento.

– Apagar el flash… En algunas cámaras el flash viene configurado en un modo automático que hace que salte cuando detecta una situación con poca luz… Si decidimos utilizar el flash, este iluminará el sujeto en primer plano y todo lo que hemos medido no servirá de nada. Flashes de cámara cerrados, por favor.

– Medir correctamente la luz… Asegúrate de que el sujeto esté situado entre tu cámara y la fuente de luz. Realiza la medición sobre la fuente de luz y no sobre el sujeto. Una fuente de luz que da resultados espectaculares es el amanecer y el atardecer, pero en principio, cualquier fuente de luz sirve para conseguir buenas siluetas.

– Encuadrar la imagen… El resultado final va a depender mucho del correcto encuadre que hagas de la imagen. Tómate tu tiempo, sobre todo si estás en estudio y la luz no se va a mover.

– No mezclar siluetas… Si vas a incluir en tu fotografía más de una silueta, asegúrate de que los sujetos estén separados, de modo que el espectador pueda interpretar cada silueta por separado. De lo contrario, las dos siluetas se mezclarán y nuestro cerebro no identificará bien las formas. Recordemos que nuestro única arma en este tipo de fotografías es el del contorno de la silueta.

– Retratar a las personas de perfil… Esta recomendación tiene aplicación para siluetas de rostros en primeros planos, en los que elementos como la nariz, la boca o las cejas nos darán más información a la hora de reconocer a la persona que si tomamos la foto de frente o de espaldas.

– Si disparas en modo automático… Cambia a modo manual.

– Si disparas en modo manual… Si tu cámara permite configurar la manera de medir la luz, prueba con mediciones al «Centro» o al «Punto«. Este tipo de mediciones permiten un ajuste más fino en estas condiciones de luminosidad.

– Utiliza una profundidad de campo lo mayor posible… De este modo conseguirás que tanto el fondo como el sujeto salgan enfocados en la medida que tu cámara lo permita.

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El encuentro de García-Alix con Camarón de la Isla

Cuando se cumplen 20 años de la muerte del gran Camarón de la Isla, la revista GQ entrevista al fotógrafo Alberto García-Alix, que tuvo la oportunidad de conocer al cantaor y su entorno. Dejamos el enlace del video de la entrevista y del post sobre ella. A disfrutarlo.
El encuentro de García-Alix con Camarón de la Isla
© «Camarón» (1991). [Ampliar] / ALBERTO GARCÍA-ALIX
Recuerdo el día en el que tuve la oportunidad de conocer a Alberto. Todos los allí presentes vivíamos con inquietud sus silencios. Con ellos nos obligaba a la reflexión, deseando hacernos partícipes del mismo trance que vivía cuando hacía fotos.
«¿Qué es para vosotros la fotografía?«, preguntó. Su mirada se clavó en nuestras pupilas. Nadie respondió.
Más tarde respondía a la pregunta sobre una de sus instantáneas.
«¿Cómo surgió esta foto?«. Y él nos contó su historia, con pelos y señales, sin complejos.
Entonces recordé que el hombre que estaba sentado a escasos 2 metros de mí había tenido la suerte y el coraje de fotografiar a uno de los más grandes de la historia: Camarón de la Isla.
Sólo entonces fui consciente de que quizá podría llegar a contar aquel encuentro.
Mi cuerpo se estremeció pero no tuve ni que pensar en cómo sacar el tema; la pregunta «¿Y la foto de Camarón?« fue lanzada por alguien y Alberto comenzó a hablar de ello. Simplemente alucinante.
Como es imposible contarlo como lo hizo él, queremos mostraros el vídeo de la entrevista que Montero Glez le hizo a Alberto con motivo del 20º aniversario de la muerte del cantaor, donde se habla de los detalles de aquella sesión de fotos. Que lo disfrutéis.

El encuentro de García-Alix con Camarón de la Isla

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La caja de diaporamas de Alix en ‘El Ojo Crítico’

De los archivos de RTVE rescatamos esta entrevista a Alberto García-Alix realizada con el motivo de la presentación de su caja de diaporamas. El programa se llama El Ojo Crítico y en él Alberto nos habla de cómo se ha gestado el proyecto, de la editorial Cabeza de Chorlito (que él mismo ha creado) y también, cómo no, de su particular forma de mirar. Dejamos el audio completo del programa, con fecha de 9 de Febrero de 2012, donde también se habla de Lucian Freud, la inauguración de la Berlinale y la reapertura de la catedral de Tarazona.
La caja de diaporamas de Alix en ‘El Ojo Crítico’
Fotografías de los 3 DVDs. / LOS SECRETOS DE EVA
Sobre la caja, decir que se incluyen 3 DVD que son «De carne y hueso», «Lo más cerca que estuve del paraíso» y «Una perpetua fuga», y que sigue estando a la venta en la web de Cabeza de Chorlito, donde también se puede leer una descripción más detallada del contenido e incluso ver pequeños extractos de los diaporamas.
Que lo disfrutéis.
El ojo crítico – La cabeza de chorlito de García-Alix – 09/02/12
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Resumen del Taller de Alberto García-Alix en Sevilla (Viajes, Rock y Fotos)

Fotografía de Alix en el taller (2011) por JR Álvaro González
Fotografía de Alberto durante el taller. / JR ALVARO GONZALEZ
[Post original: Viajes, Rock & Fotos, escrito por JR Álvaro González]

La única forma de aprender es coger la cámara y tirar fotos, el Espiritu Santo no va a venir un día  por la noche a enseñarte.
Alberto García-Alix, Sevilla 2011

Cuando Alberto García-Alix (León, 1956) mira, no mira, observa. Ataviado con camisa y pantalón blanco presta atención, escruta, identifica, comprende. Es un depredador del espacio y la mirada. Está en su mejor momento y lo disfruta. La libertad que ahora tiene no la limita, ni siquiera, su renuncia a las cámaras digitales.

«Con las mías me encuentro muy a gusto y cuando uno está bien con las herramientas que tiene, ¿para qué cambiar?»

Sólo hay que verlo. Cuando coge la Hasselblad, siempre con dos manos, no se le puede hablar, comienza el juego. Va hacia un destino que desconoce. En ese momento es otro, es García-Alix, fotógrafo. Alberto queda relegado.

«Con la cámara me me meto en un espacio cerrado, en un encuadre. Ahí comienza una reflexión conmigo mismo y sobre mí mismo.»

No habla, no consulta, sólo pide.

«Aprender a pedir en el enfrentamiento con el otro es muy difícil: ponte aquí, ponte allí….pero es una de las bases fundamentales de la fotografía, al menos de la que yo hago».

Pero claro, no siempre se puede.

«Imagínate que tienes que retratar a Aznar, le puedes pedir que coja la revista Penthouse, y se recline en el sillón junto a la bandera de su despacho… y puede que lo hiciera, ¿Qué hombre no ha visto una Penthouse o cualquier revista porno? Pero el problema es ¿quién se lo dice?».

Y explota en una sonora carcajada que tiene algo de malévola. Pero quizá más importante aún que saber pedir es la necesidad de tener tiempo para observar.

«El principal problema de la fotografía es que tendemos a hacerlo todo muy rápido. Cuando una foto es mala, en la mayoría de los casos es porque no se ha hecho con el suficiente tiempo y tranquilidad. La fotografía es la detención del momento.»

Así que, no vayamos tan rápido. Alberto García-Alix volvía a Sevilla el pasado mes de junio para impartir un taller en Cobertura Photo. No es fácil que se preste a continuar enseñando aquello que aprendió de manera autodidacta y sin referencias. Pero, contradictoriamente, sus inicios a ciegas le sirven de resorte para que otros tengan la oportunidad de conocer, algo que él no pudo hacer.

2012-11-camara-alix
La Hasselblad tuneada, una de las cámaras del fotógrafo leonés.

Sus talleres son improvisados, pasionales y un repaso a su trayectoria. ¿Qué más se puede pedir? Cuando habla sobre él y su obra se mesa los cabellos, ya más blancos que negros, hace largos silencios y se interroga a sí mismo con esa voz gastada por el tabaco. Cuando coge la cámara, se levanta, se crece, asume las responsabilidad. Así va desgranando sus ideas.

En su manera de trabajar, primero elige y delimita el espacio sobre el que va a fotografíar.

“Lo primero que debemos hacer es limpiar de elementos indeseados la imagen. Si posicionados y mirando detenidamente sabemos lo que hay que limpiar, llevamos mucho ganado. Mientras limpiamos concentramos la mirada.”

Ahí comienza el juego.

“¿Porqué el fotógrafo se coloca en un sitio y no en otro? ¿Porqué? La posición de la cámara es narrativa. Cuándo estamos eligiendo la posición desde la que vamos a colocar la cámara estamos decidiendo cómo va a ver el espectador lo fotografiado. La posición de la cámara es la puerta a la intencionalidad.”

Un trabajo de decisiones contínuas.

“Lo primero que debemos hacer como fotógrafos es ver por el visor y preguntarnos si nos gusta lo que vemos. ¿Nos gusta o no nos gusta? Y si no nos gusta, nos debemos preguntar ¿porqué?. Ahí comienza el diálogo contigo mismo y con lo que tienes delante y vas a fotografiar. Cuando no hay foto es porque nosotros no la tenemos en la cabeza.”

Se trasluce en sus gestos que coger la cámara conscientemente se le hace pesado.

“Pienso, ¿para qué? ¿Qué voy a hacer? ¿Porqué lo hago y cómo quiero hacerlo?”

Y con el tiempo se hace más pesado todavía, uno está obligado a no repetirse.

“Si no me obligo a mirar, la cámara no me va a hacer la fotografía”.

Entre sus elementos indispensables para hacer fotos están la cámara, un reflector y un pequeño flash. Si le cabe en la moto también suele llevar un pequeño trípode. Si no, utiliza lo que le rodea y lo aprovecha como buen depredador. Lo utiliza todo para lograr una imagen potente, una foto mejor. Una buena fotografía es la que muestra, una mejor es la que expresa.

“Hay un diálogo interior con lo que estoy mirando. Ahí decido cómo quiero que la persona que vea la foto, la mire. Mi objetivo es procurar que el espectador observe la escena como yo quiero y que dialogue con el retratado cuando enfrenten sus miradas.”

Y para eso utiliza las herramientas del fotógrafo.

“La luz, la luz siempre es narrativa, y el rostro debe adquirir toda la fuerza posible. Donde pongo el foco y esté iluminado es donde quiero que esté el centro de la fotografía”.

Pero todo es improvisado en el espacio y en el tiempo.

“No planeo mis fotografías antes. Cuando llego al sitio y veo a la persona me dejo influir por lo que observo allí y en ella. La noche antes no puedo preparar nada porque claro ¿qué luz tendré? No lo sé. ¿Qué ropa y complementos llevará la persona? Lo desconozco. Sería una pérdida de tiempo.”

Utiliza los elementos pero para inventar su historia, para contar un cuento, para reflejar su propia narración.

“El fotógrafo es el narrador de un cuento, no tiene porqué reflejar a esa persona tal como es. Te aseguro que si miras por el visor durante 45 segundos puedes descubrir todos sus rasgos”.

Y es en las distancias cortas donde se hace más difícil este enfrentamiento, este mirar como un cíclope.

“En el primer plano no hay escapatoria”.

Ahora tiene una obsesión que le hace sufrir con la cámara: no repetirse. Lucha contra ello con el esfuerzo y el peso de hacerle caso a su vieja Hasselblad. García-Alix, después de cumplir su misión deja que Alberto se mese los cabellos blancos, se lie un nuevo cigarrillo y se disperse. Eso será hasta que desenvaine de nuevo la Hasselblad y el cíclope tome el mando.

3 días con el maestro

Esta crónica se ha realizado durante el taller que Alberto García-Alix ofreció en Cobertura Photo, un estudio fotográfico de Sevilla que tiene una amplia y muy interesante oferta de formación para fotógrafos. Tres días muy intensos en los que hemos compartido amante con el maestro, 16 personas con las mismas inquietudes. El texto superior son algunas de las ideas que García-Alix nos mostró. Son pensamientos cogidos al vuelo mientras hablaba y que yo he enlzado a modo de texto para hacer más agradable su lectura.

Para los más curiosos, dejo algunos detalles técnicos. Durante los días de curso, García-Alix utilizó su Hasselblad y una Leica M7 negra de la que no habla nada bien. Entre sus objetivos para la Hasselblad están el 135mm con un duplicador para conseguir una distancia focal de aproximadamente un 300 mm, y para la Leica utiliza un 35mm.

Siempre trabaja en analógico y no conoce las cámaras digitales. Doy fe. Cogió la mía y no sabía ni cómo enfocar.

Normalmente positiva en un laboratorio de Hamburgo de absoluta confianza. De vez en cuando saca alguna copia en su propio laboratorio, instalado en su casa de Madrid.

Cree que acostumbrarse a arreglar elementos de la foto en el laboratorio o Photoshop es un mal vicio, nada recomendable.

[Post original: Viajes, Rock & Fotos, escrito por JR Álvaro González]
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Entrevista con Alberto García-Alix en ‘Hoy por hoy’

El 17 de Marzo de 2011 Carles Francino entrevista en el programa ‘Hoy por hoy’ de la Cadena SER a uno de los mejores fotógrafos de la península, Alix, que acaba de publicar un nuevo libro: «Lo más cerca que estuve del paraíso» (2011) donde se recogen instantáneas de sus muchos años en la isla de Formentera.
Entrevista con Alix en 'Hoy por hoy'
© «Dos hermanas». / ALBERTO GARCÍA-ALIX
Carles Francino entrevista a García-Alix en ‘Hoy por hoy’ – 17/03/11
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Entrevista con García-Alix en el suplemento de El Mundo

Entrevista con Alberto García-Alix publicada en el suplemento de El Mundo el 26 de Octubre de 2008. Alberto charla, como es costumbre, con total sinceridad y transparencia. Se tratan temas como su profesión o su propia salud. A disfrutarla.
Entrevista con García-Alix en El Mundo
© «Experiencia en Caracas». / ALBERTO GARCÍA-ALIX

«Cuando uno se ha roto, el único camino por el que puede reconstruirse es la memoria»

De una particular bajada a los infiernos, de su lucha contra la hepatitis C y la heroína, tocado por una ruptura sentimental, surge el viaje interior que este fotógrafo de la experiencia ha articulado en «De donde no se vuelve», una exposición que agrupa 30 años de imágenes, las de su vida. «Tienen un poso melancólico», dice el artista, para quien seguir vivo a pesar de su adicción a los opiáceos o a conducir en moto borracho sólo tiene una explicación: contar con la protección divina.

Por Elena Pita; Fotografía del artículo original de Luis de las Alas.

Va por la calle como un saltimbanqui, persiguiendo a unos perros y a la rubia que los lleva. A saltitos, escuálido en su atuendo de bohemia parisina, la sonrisa rebasándole el perfil. Es la cara, el ánimo que le contagia a García-Alix el objetivo de papel. Hay que verlo, lo vi en cuanto llegué. Llamé a su puerta y me recibió ya con aquellas cabrioladas de chiquillo, cómicas. No se alegraba de verme (había olvidado la cita), imaginaba que quien venía era el mensajero, el mensajero que iba a fotografiar esa mañana para su serie de bikers, «tú te ganas la vida el día entero con la moto, ¿no?; pues eso, eres uno de la serie», le diría luego, cuando efectivamente apareció el motero. Así se alimenta el fotógrafo, de la calle, de las almas que encuentra.

Bueno, pues ahí que saltaba inquieto parapetado con la cámara minúscula detrás de su asistente cuando me abrieron la puerta. Nos invitó a té y a uvas, y luego compartimos un almuerzo en el cubano de Chueca de toda la vida, a vueltas con la memoria. Alberto García-Alix (León, 1956) se reescribe a sí mismo con una cámara cargada de película, tal que un escritor que empuñara su pluma. Vive para contarlo. Vivió asomado al abismo siempre, sobrevivió, y del vértigo, que es pulsión de muerte de quien ama y disfruta la vida, construyó una obra prolífica, premiada (Premio Nacional 1999), bellísima. Todo fue inconsciente, e inconsciente también empezó a buscarse a sí mismo en aquella maraña de sentimientos y negativos, lecturas, opiáceos y virus. A partir del 4 de noviembre expone en el Museo Nacional Reina Sofía 30 años de fotos (De donde no se vuelve) que son un viaje del presente al pasado, una narración introspectiva que no es sólo suya sino de todas las almas que la habitan, congeladas con vértigo en su objetivo de papel.

¿La fotografía le salvó, le salva aún la vida? «Ya quisiera la fotografía salvar vidas (ríe irónico). Me ha redimido la conciencia, en cierta manera; quiero decir que, a pesar de mí mismo, he construido una obra. Es una puerta que me ha abierto la posibilidad de aprender, formarme, comunicarme y conocerme. Una puerta a la vida.»

Está considerado «un fotógrafo de la experiencia», como los nuevos poetas; ¿hay hoy más experiencia o memoria en su obra? «Experiencia.»

Lleva, sin embargo, un par de años haciendo retrospectivas. De hecho, este echar la vista atrás comienza ya en el 93 con Los malheridos, los bien amados, los traidores. ¿Sucedió algo en esa fecha? «No, pero empezó ahí, sí, aunque de manera inconsciente: yo iba hacia delante y miraba para atrás sólo en corto. Pero todo cambia cuando llego a París.»

¿Qué sucedió entonces en París? «Fui a hacerme un tratamiento de interferón para curarme la hepatitis C, a punto ya de una cirrosis. Y qué suerte, me curé.»

¿Por qué París? «Acababa de sufrir una separación sentimental que me había hecho daño, si me quedo en Madrid me voy a La Barranquilla (poblado de; sinónimo de droga), para quitarme el dolor, físico y moral. En esos momentos yo mismo me doy mucho miedo, porque reacciono haciéndome daño a mí mismo, pero la tentación de anestesiar el dolor es muy grande. Entonces llego a París y todo cambia; supone una fractura interior tremenda, un viaje que me lleva a crear una serie de vídeos con guiones propios que no son sino una búsqueda interior: ahí empieza. Cuando uno se ha fracturado, el único camino por el que puede reconstruirse es a través de la memoria.»

¿De ahí arranca esta gran retrospectiva, 30 años? «Esto no es una retrospectiva, que no se entienda así: estoy haciendo una narración. Hacer una retrospectiva a mi edad sería fatal. He construido un viaje interior que empezó ya en París, sí, del presente al pasado. Luego me fui a China para escribir el guión, que es el hilo conductor de la exposición de fotos y del vídeo. Me fui lejos para sentir cómo me venía el pasado.»

Dice Jenaro Talens sobre la exposición que es una muestra de melancolía. ¿Qué es lo más valioso que añora? «Siempre mis fotografías tienen un poso melancólico, inconsciente, que se pega a las imágenes. Es como una marca de la casa, pero de la que yo no me doy cuenta (se ríe).»

La creación, o sea, la fotografía, ¿es ese lugar del que no se regresa? «Sí, es un espacio del que no se vuelve.»

¿Como la muerte? «Es una metáfora, la muerte es una realidad de las duras.»

«En el nombre de todos mis muertos, un ángel me protege», dice en el guión. ¿Cuántas veces ha sentido o creído que moría? «Uno nunca cree que se muere, a no ser que esté terminal, y yo nunca lo he estado; pero sí me he encontrado muy mal. Digo que un ángel me protege porque miro para atrás y… cuántas veces he llevado la moto borracho, por ejemplo. Hay una protección divina, una magia en la vida. Lo más duro fue en París. Días enteros con fiebre tiritando en la cama, una bajada a los infiernos.»

¿Consiguió superarlo solo? «Me acompañaba Nico (Nicolás Combarro, comisario de esta exposición), que tiraba de mí, menos mal: se vino a París a trabajar con la galería de Chantall Crousel, sabía que tenía que ayudarme, así que alquilamos dos lofts unidos y trabajábamos cuando podíamos. Y luego tuve la fortuna de conocer a una mujer, y eso te levanta el alma. Encontrar a una persona que te quiera cuando estás en semejante momento… Ya digo: un ángel me protege. Estaba en un bar y vi que una chica aparcaba su moto enfrente. Primero me fijé en lo bonita que era la máquina, y luego en la chica y me dije: qué suerte el hombre que tenga a esta mujer. Pues se puso a hablar de motos conmigo.»

¿Lo superó sintiéndose querido? «Estaba en fase 4, ya no fabricaba glóbulos rojos, entonces me ponían EPO: mi cuerpo era pura química, y así un año, y luego eso no se limpia en un día, no creas. Allí me quedé tres años, y ahora siempre vuelvo: en París tengo amigos, galería, y me dieron el tratamiento, que era lo más importante. La quiebra interior me obligó a mirarme, a viajar en mi interior a través de la memoria. La memoria es el espejo donde nos miramos y nos conocemos, y nos permite soñar y reconocer el mundo. Y la fotografía es la presencia visible de un instante, que luego nos permitirá jugar con la memoria. Yo sólo he fotografiado mi vida, y al revisar el trabajo retorno al pasado yo, pero no necesariamente el espectador que lo ve.»

Le ocurre, en cierto modo, lo mismo que a los escritores, ¿fotografiar es también una forma de narrar? «Sí, y todos empleamos la memoria como espejo. Para crear, para hacer una exposición o un libro de fotografía, me invento un cuento.»

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Fotografia de Alberto García-Alix.
«Miro a través de la cámara y cuando siento miedo, tiro», le cuenta a Nicolás Combarro. ¿Es su supervivencia, entendida como azar inexplicado, lo que tanto teme? «No, es como un miedo físico, casi una convulsión que puede producirme, por ejemplo, una pared levantada contra el cielo. Mis otros miedos son los de cualquiera: a la enfermedad, a la decadencia y a mis demonios.»

Escapó a la muerte y la huida le dejó heridas que «son un estigma que mancha como una ofensa», ¿el estigma de los malditos? «No, me refiero a mis errores patológicos, a mi confusión permanente: a mi edad, uno ya se conoce.»

Lo habrá contado mil veces, pero aún así me gustaría preguntar de dónde y cómo nace la fotografía en su historia personal. «Creo que nació siendo estudiante de Imagen y ayudante de dirección de cine… No, ayudante no; fui auxiliar del auxiliar del auxiliar del auxiliar de cámara: o sea, llevaba los cafés. Entonces quería hacer cine, fue más tarde cuando me sedujo la fotografía, por la magia del laboratorio.»

¿Cómo fue, qué pasó? «Sucedió por accidente. Mi hermano y yo corríamos en motos, y él tenía un amigo que venía a las carreras a hacer fotos, entonces me gustó aquello y pedí a mis padres una cámara, y al poco las carreras se acabaron, porque un amigo se mató y mi hermano decidió que iba a ser médico, así que vendieron el remolque: me quedé con una moto de competición que no podía mover y una cámara que no usaba. Pero al año me fui a vivir al Rastro con otro amigo, que montó en casa un pequeño laboratorio, entonces desempolvé la cámara: me seducía aquello de ver en el laboratorio lo que había visto a través del objetivo. Como no tenía ni idea, no me salían aquellos contrastes duros que entonces se llevaban, me salía todo gris.»

Los grises de García-Alix. «Me pasaba las tardes en el laboratorio y, poco a poco, fui comprendiendo y encontrando resultados. Y empecé a decir que era fotógrafo, y las chicas me creían. Desde el principio fui consciente de que los momentos que retrataba eran únicos, que no volverían, y eso me emocionaba. La fascinación del laboratorio surgió al tiempo que mi relación con los opiáceos: allí me di el primer chute. Éramos un grupo de amigos muy creativo, en un momento muy underground; con Ceesepe y El Hortelano teníamos la Cascorro Factory, en la que editábamos cómics, y a mí la cámara me daba poder, era mi individualidad: era yo el que miraba. Así nació mi pasión por mirar, fotografiaba las habitaciones de las pensiones por las que pasaba, no tenía referencias, era un juego, hasta que vi la primera exposición, de August Sander. Entonces intuí el poder que tenía y ya la fotografía no volvió a ser lo mismo. No fui profesional, digamos, hasta el 86.»

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Fotografia de Alberto García-Alix.
Fue tripulante de una generación de artistas que comprendieron que vida y obra eran la misma cosa, ¿por eso desapareció dejando cadáveres tan jóvenes? «No, creo que esa conjunción es algo personal mío. Pero aquellos años fueron letales: jugar con opiáceos tiene un precio.»

Morfina. Pentazozina… Pentapón. Xosegón… Heroína… ¿De qué sirvió la «pócima del olvido» si el olvido no es posible?, ¿sirvió para tener más que olvidar? «¿De qué me sirvió a mí? Yo no me arrepiento de nada. Me sirvió para construir una obra, y para mirarme, y para que lo que tuve me vuelva cada vez que veo una fotografía: sentimientos, dolor y alegría, virtudes y egoísmo, amor, y comprenderlo todo.»

Fue una generación subversiva, pero ¿sirvió de algo la subversión? «Subversiva no, perdona, yo diría agitadora, convulsa, antisistema. A partir de la era Reagan todo se vuelve políticamente correcto, las ideologías se desmayan y ¿hemos ido a mejor? No lo creo. A nosotros sí nos sirvió, para acentuar nuestros valores y nuestra lucha individual por mejorar el mundo.»

¿Esa lucha empezó entonces o en su caso arranca del antifranquismo? «Todos crecimos luchando contra la guerra de Vietnam y contra el dictador; fui de la juventud consciente de la situación. La represión de los últimos años de Franco la viví muy de cerca en casa, todos los hermanos militábamos, y era una militancia muy valiente. Parece que ya nadie se acuerda de cómo era España, cómo se vivió aquel momento en la universidad: o estabas en contra o eras un asimilado.»

Y le pregunto ahora, ¿es difícil deshacerse de un icono? «No, para mí es muy fácil. Lo que me importa es el presente, el ahora. Hombre, es muy halagador que a la gente le gusten mis fotos, mi memoria, pero yo sigo creando, no puedo hacer otra cosa.»

Alix, ¿qué busca de sí mismo en el autorretrato?, ¿se ve extraño o se reconoce? «Extraño, no: me veo. Me pongo ahí y me tiro una foto a ver cómo me veo, y luego ya me juzgaré. Me pasa cada tres, cuatro meses, sin pensarlo. Hace tiempo que no me sucede, porque estoy más contento; me busco cuando me siento mal.»

Dice que no es santo de su devoción, ¿qué se reprocha? «Que me he pasado la vida bailando (ríe, afónico).»

Dice que ha sido un egoísta, ¿quiso escapar de sí mismo? «Soy egocéntrico, me imagino, sí, y algo egoísta, pero luego no tengo ego: es todo y nada, la dualidad que llevo en los dedos tatuada.»

Alix, ¿y cómo se siente después de ese viaje en el tiempo, su tiempo? «Pues bien, muy bien.»

[Leer artículo original en el suplemento Magazine de El Mundo.]

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Alberto García-Alix en el festival de Arles (Francia)

Rescatamos esta entrevista a Alberto realizada en Julio de 2007 con motivo de la exposición que le lleva a Arles, Francia. La entrevista es realizada por Gorka Elorrieta y la fotografía del artículo original es de Ignacio Hernando. La entrevista se publicó en el número 14 de la Revista ClubCultura. ¡Ahí va!
Exposición de García-Alix en Arles
Exposición de Alberto García-Alix en Arles (Francia). / ALFREDO MERINO

ALIX EN ARLES

El Festival de Arles presenta la primera gran retrospectiva del fotógrafo leonés en Francia.

La exposición, organizada por PHotoEspaña, es un recorrido exhaustivo a través de casi 30 años de trabajo de uno de los fotógrafos españoles más destacados en el panorama internacional.

La muestra se exhibirá hasta el 16 de septiembre en la Iglesia de Sainte-Anne de Arles, uno de los lugares más importantes y destacados del festival, en el centro histórico de la ciudad. Se trata de la primera gran retrospectiva de la obra de Alberto García-Alix en Francia y forma parte de las celebraciones del décimo aniversario del Festival.

129 fotografías de la colección particular de Alberto García-Alix, entre las que se encuentran sus vintage, fotografías que le han consagrado en la escena artística internacional y que definen su particular estilo.

A través de las fotografías de Alberto García-Alix la exposición sumerge al espectador en una narración que transita por la vida del artista, conformando un discurso vital que tiene la fotografía como eje.
Las imágenes con las que se construye esta narración provienen de diferentes etapas de su vida, en un viaje de ida y vuelta entre presente y pasado: de la primera época en que retrataba su entorno más próximo con su cámara de 35mm. hasta 1986, cuando se profesionaliza y comienza una evolución compositiva que le sitúa a la vanguardia de la fotografía contemporánea.
Otros fantasean en canciones con serlo al hacerse mayores. Pero, cuando era pequeño, Alberto García-Alix (León, 1956) ya quería tener la voz de Johnny Cash. Igual de magnético que la del hombre de negro, el sonido de su voz llega desde algún lugar al fin de la noche. Y de las noches. Todo el insomnio que padeció en París durante los tres últimos años. Ese desasosiego feroz  que describía Céline en 1932: «Por mucho que me diese vueltas y vueltas sobre el pequeño colchón, no llegaba a conseguir ni el más pequeño momento de sueño. Incluso masturbándose en esos casos no se siente ni consuelo, ni distracción. Entonces es la verdadera desesperación». El laberinto de maullidos sobre el que reptan, huidizos y en carne viva su obra audiovisual Tres vídeos tristes. Un tridente que se sostiene en la fotografía, el amor y la búsqueda de la identidad.
Esa misma búsqueda queda ya abocetada en el centenar de instantáneas que, como un gran autorretrato tan honesto como intuitivo, se exponen al mismo tiempo en otro espacio de la Fundación Canal bajo el título de ‘No me sigas… estoy perdido’Don’t follow me, I’m lost grabado en su brazo derecho inició su colección de advertencias y exorcismos-.
Si en aquellas imágenes secuenciales se mira a sí mismo desde el presente, en éstas –atravesadas por la compañía y la mirada en color de Xila, un álter ego- echa la vista atrás y revisita aquella vertiginosa y emocionante década que estalló entre el 76 y el 86 y, luego, vio perecer a sus hijos. Aquí son lo que eran. Sin ambages ni coartadas. Filos de navaja, cuero lustroso, ojos vidriosos y cucharillas con posos. Sangre en ebullición. Vapor.
Un vapor etéreo pero que se pega como la humedad es, según sus palabras, la huella que ha pretendido dejar. Una marca que ya está en todas esas miradas. «En aquella época no lo sabía. En las fotos siempre hay algo que quiere salir y algo que no quiere salir. Pero esa atmósfera existe porque aquí hay cerca de cien fotos pero en el proceso de edición, podíamos haber escogido otras tantas y el espíritu quedaría intacto.»

Como los niños y los castillos de arena en la playa. ¿Conserva al niño? «Sí. Soy bastante infantil. La capacidad de seguir jugando, de seguir emocionándome con las cosas es fundamental. Para mí, todo es un juguete. La creación es un cuarto de juguetes. A veces, me pregunto si soy fotógrafo. Ante todo, pienso que soy un creador. He hecho fotos, vídeos… Saqué adelante la revista «El canto de la Tripulación», tuve un equipo de carreras de motos.»

Quizás de muy niño jugó al escondite pero ¿donde se refugia como adulto? «En la creación, en el delirio. Para ser francos, ahora mismo no me gusto demasiado. Pero el trabajo, sí. Cuando cojo una cámara, instintivamente me pongo a reflexionar, a pensar… En las imágenes de los vídeos vuelco la narración hacia el interior por primera vez. Siempre he andado por la vida sin reflexionar, siempre hacia delante pero en París en una situación muy dura empiezo esa búsqueda. Y digo: «Me asomo al vacío para no ver nada». Es así como me siento. Es curioso porque cuando releo, pasado ya un tiempo, los textos que han salido, yo mismo me sorprendo de que llegara a aquello. Pero cuando estás bien jodido, es cuando miras más dentro de tus tripas. El dolor es una gran puerta hacia nuestro interior.»

Foto Alix 1978
Fotografía de Alberto García-Alix (1978).
¿Y ha tenido alguna vez un animal de compañía?«En París tuve una urraca. Se cayó de un nido cercano a la casa y la hija de mi chica rescató al polluelo. Llamamos a un veterinario. Dijo que no podíamos hacer nada pero me quedé mirando al animalito y pensé: «Este no se muere. Seguro. Este…». Convivió con nosotros. Las urracas son pájaros muy curiosos. Es un córvido. Tienen mucho carácter, algo de misterio…
García-Alix habla como marcando los tiempos, deja las frases colgando y en el silencio posa sobre su interlocutor una mirada escrutadora que no intimida pero que, a pesar de que den las once de la mañana y el sol brille en Madrid, hace brotar la imagen de El cuervo, de Edgar Allan Poe.
En los textos de los vídeos y, en general, parte de su obra tiende al lirismo, bebe de un fuerte componente humano. Háblame de sus gustos literarios. «Soy un gran lector. Más allá de algún informativo y alguna película peregrina, la televisión me da miedo. Me pregunto constantemente si ésta es la sociedad en que vivo… Si no leo al acostarme, no puedo dormir. Ahora estoy leyendo Los de abajo, un libro sobre la revolución mexicana escrito a comienzos de siglo. Y la semana pasada, leí uno de Joseph Conrad.»

«Me preguntará por qué sigo entonces en la revolución. La revolución es el huracán, y el hombre que se entrega a ella ya no es el hombre, es la miserable hoja seca arrebatada por el vendaval».

Los de abajo, de Mariano Azuela.

Pero mucho antes de sentir el arrebato de los libros y la cámara fotográfica, siempre han estado las motos. «De niño soñaba ser mayor para tener una, para poder viajar en moto. Sin ella la vida es más complicada. Me produce una sensación de libertad que no siento con el coche.; cuando quiero me hecho a la carretera. Y, además, ya es tarde para sacarme el carné de conducir.»
Pero no para hacerse un tatuaje, para grabarse otra lección. ¿Cuál es el último? «Un pajarito cagando en el brazo para que me de suerte.»

* * * *

El diario El Mundo también se hace eco del acontecimiento y habla sobre Alberto.
Artículo original: Alberto García Alix, el buen salvaje

ARLÉS (FRANCIA).- «Bueno, la verdad, es que hago estas fotos porque me han salido de dentro. No he querido contar más de lo que cuentan. Así que mejor es que pasemos a verlas«. Sin mayores preámbulos, Alberto García Alix inauguraba su exposición fotográfica con la que ha sido invitado al Festival de Arles.
Lo hacía ante toda la plana mayor de organizadores y participantes de este importante evento, entre los que no faltaba Alberto Anaut, el contentísimo director de PHotoEspaña. La razón no es otra que García-Alix expone su obra en calidad de representante del festival madrileño, cada vez más hermanado con Arles.

El lugar donde el fotógrafo leonés expone su trabajo es uno de los más escogidos del viejo Arlés: la iglesia de Santa Ana, situada en la plaza de la República. Es el centro de la villa, junto al Ayuntamiento y justo enfrente del Palacio del Arzobispado. Escenario magnífico en el que, a buen seguro, jamás estas inmaculadas y amplias naves han acogido una muestra tan iconoclasta.

Su autorretrato en el altar
Realizados en blanco y negro y a partir de negativos de 35 milímetros, nada de digital, la mezcla de imágenes de composición y efecto trabajados, se unen con otras de realización fresca e instantánea. Presidiéndolo todo, su autorretrato colgado en el lugar del Altar Mayor.

Reflejo absoluto de su experiencia vital, las 129 fotografías reunidas en Arles, también son un detallista paseo de su manera de entender este arte. Las imágenes, bien conocidas, por los aficionados españoles, no lo son tanto por el público francés. Por ello resulta tan apetecible volver a contemplarlas, como observar el efecto que despiertan en los espectadores que nunca habían contemplado obras como Michelle, por citar un ejemplo.

Epatante y provocador, sin duda, como en la etapa que retrató la fauna de La Movida, pero intimista y sensible de igual manera, como bien muestra en algunos de los retratos de su barrio. Imágenes que han sido seleccionadas para esta exposición.

Y aquí entre sus llamativos iconos, la figura fina de García-Alix, perfil gitano colgado en el mapamundi de sus tatuajes, escudaba su voz de lija tras la querida Mamiya, abrumado por tanta felicitación.

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García-Alix en la Universidad Politécnica de Valencia

De mano del blog de Franco Goyenechea, (haydeque.blogspot.nl), hemos podido saber de un taller que García-Alix impartió en el Máster de Fotografía Arte y Técnica de la Universidad Politécnica de Valencia en abril de 2007. De ahí hemos sacado estas fotografías que hacen que podamos imaginarnos de alguna manera la magia vivida en este encuentro.

Alberto García-Alix en la Politécnica de Valencia

Siempre es un placer poder ver trabajar en primera persona a un gran artista. Más aún si se trata de uno de los más grandes fotógrafos de España como lo es Alberto García-Alix. El carismático fotógrafo leonés lleva varios años entregándose en cuerpo y alma, acercándose a la gente mediante talleres y charlas donde comparte sin medida todo lo que a él tanto le costó aprender por sí mismo. El resultado es un saco de innumerables encuentros mágicos, horas memorables en las que se aprendió de fotografía y humildad.
Además de las fotografías de Franco Goyenechea, también hemos encontrado dos retratos de Jorge Gronemeyer y otro de Vanessa García Sacristán, en sus portfolios linkados. Dejamos a continuación estos retratos y después seguimos con la serie del taller de García-Alix.
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– Fotografía de Vanessa García Sacristán a Alberto García-Alix –
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– Retrato de Jorge Gronemeyer a Alberto García-Alix –
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– Retrato de Jorge Gronemeyer a Alberto García-Alix –
Más fotografías extraídas del blog de Franco Goyenechea haydeque.blogspot.nl.

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