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«La fotografía es un gesto que tenemos los humanos para detener el tiempo»

Artista, teórico, comisario, divulgador, pensador visual… Joan Fontcuberta habla en esta entrevista acerca de la actual realidad fotográfica con motivo de su nuevo proyecto titulado ‘Trauma’.
Joan Fontcuberta
Joan Fontcuberta. / VANESSA MONTERO
Entrevista transcrita, originalmente publicada en la edición impresa del diario El Correo, el 16 de marzo de 2019. Texto: Itxaso Elorduy. Fotografía de la entrevista: Manu Cecilio.

EN SU PROYECTO ‘TRAUMA’, QUE HA PRESENTADO EN BILBAO, REFLEXIONA SOBRE EL FIN DE LA FOTO EN PAPEL Y LA ERA DEL «’HOMO FOTOGRAFICUS’»
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Habla de una fotografía para pensar.
«La fotografía que me interesa nace en el siglo XIX como una especie de cultura visual que aporta el sustrato de unos valores que pertenecen a la Revolución Industrial. Una tecnología al servicio de la verdad, de la identidad, de la memoria, necesaria para la sociedad moderna que se estaba configurando».

¿Trauma tiene que ver con nuestro mundo cambiante, como el del siglo XIX?
«Es fruto de la reflexión sobre la evolución de la comunicación visual, que tiene que ver con el cambio de lo analógico a lo digital».

¿La atracción por un mundo nuevo, lleno de imágenes?
«Todos somos fotógrafos ahora, somos ‘homo fotográficus’. Hacemos fotos para informar, entretenernos, por introspección o para interaccionar con un grupo. Hay infinidad de usos de la imagen, igual que hay infinidad de usos de la palabra».

¿Y hacia dónde nos dirigimos?
«Esto trastoca todo, la economía, la política, las relaciones personales, la comunicación… Nos dirigimos a un panorama postfotográfico, en la medida en que la imagen se ve inmersa en un repertorio de elementos nuevos como internet y las redes sociales. Este mundo cambiado conlleva ganancias y pérdidas».

¿Como cuáles?
«La pérdida de la materialidad de la imagen es un ventaja en cierta medida, porque nos permite que circule sin el lastre de la corporeidad, pero conlleva la falta de valores mágicos, como la imagen de la persona querida o la suplantación de la identidad».

Y con la pérdida llega la melancolía…
«Sí, conlleva una mirada melancólica, de recuperación de esas ruinas de la fotografía antigua familiar. Una revalorización de la fotografía antigua familiar. Muchos artistas contemporáneos revisitan álbumes familiares y también crece la fascinación por la fotografía estropeada o en proceso de deterioro. La fotografía como tal cuenta su propia historia. El fotoperiodismo trata de traumas, sucesos, asesinatos, muertes, accidentes… pero las imágenes, en sí mismas, están sufriendo sus propios traumas».

¿Tienen vida propia?
«Las vicisitudes que han vivido en el archivo, por las que han perdido el vínculo con la memoria y la realidad, hacen que la imagen se vuelva no solo ruinosa, sino dramáticamente fantasmagórica, lo que genera un ámbito poético del trabajo».

¿Qué formato tiene el trabajo Trauma?
«He hecho varias exposiciones y he escrito libros, uno de ellos se publica esta semana. Es un territorio de creatividad y reflexión alrededor de esas imágenes en tránsito de desaparición».

¿Qué significado tienen esas imágenes antiguas?
«Representan otro elemento muy poético, porque la fotografía es un gesto que tenemos los humanos para detener el tiempo. Como si el tiempo y la memoria echasen un pulso y con la fotografía ganase la memoria, la posibilidad de detener un instante».

¿Pero usted dice que el instante decisivo ya no existe?
«El tiempo se cobra su venganza y esa fotografía que, de manera soberbia, intenta detener el tiempo, con el paso de tiempo se corrompe y desaparece».

¿Este proyecto es una suerte de terapia?
«La imagen es un ente vivo que nace, muere, se reproduce y desaparece. Podemos constatar el fin de un ciclo, el analógico, y el nacimiento de la fotografía digital».

Usted habla de revisar la mirada fotográfica como si la tratara un oftalmólogo.
«El fotógrafo quiere documentar el mundo y esa es su principal misión, pero para alguien que hace del ojo su órgano fundamental suelo decir en broma que hace falta un oftalmólogo que calibre si esa mirada está bien ajustada».

Mirada que mira hacia uno mismo, ¿es el selfie el objetivo?
«Los nuevos dispositivos permiten dar salida a la vanidad. La pregunta es, ¿la fotografía fomenta esa vanidad o la canaliza?».

¿Y cuál es su respuesta?
«La fotografía digital canaliza esa vanidad que siempre ha existido, aunque no teníamos los instrumentos necesarios. Antes debíamos recurrir a un profesional para que nos hiciera un retrato. Ahora la inmediatez hace que demos rienda suelta a la idea de controlar de qué manera deseamos ser vistos».

¿Una pérdida de la privacidad?, ¿voyeurismo?
«La fotografía aquí no tiene ninguna responsabilidad. La necesidad de hacer un espectáculo de la vida ha existido siempre, antes las ejecuciones eran grandes espectáculos. Lo que sucede es que ahora tenemos nuevas herramientas».

¿Cree que puede resurgir el papel?
«Soy muy mal profeta. Hace unos años me preguntaron si pensaba que los móviles podrían llevar incorporada una cámara y respondí que me parecía una solemne tontería, así que he aprendido de mis errores garrafales. Pero es cierto que nunca hasta ahora habían habido tantos proyectos de edición de fotolibros. Un regreso a algo que se toca, lo que es una contradicción a esta tendencia a lo inmaterial».

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Publicación original de la entrevista. / EL CORREO